Comenzábamos nuestro viaje con más sueño que ilusión,
subiéndonos al autobús a las 03:45 de la madrugada rumbo al aeropuerto.
Nos plantamos en la puerta de embarque con alguna que otra
anécdota, pues a las 6 de la mañana nuestras mentes aún estaban un poco
dispersas... Suerte que nuestra ilusión iba creciendo por momentos.
El vuelo transcurre tal y como esperábamos, con 9 ocupantes
llenos de emoción por enfrentarse por primera a la aventura de subir en avión,
y otros 4 que se durmieron de principio a fin, afortunadamente ninguno de ellos
roncaba.
Una vez en nuestro destino, después de unas fotos para el
recuerdo en la cabina de la piloto, aterrizamos en Praga con ganas de probar su
gastronomía, comenzando con un Goulash que nos dio fuerzas para comenzar
nuestra visita guiada con el bueno de Albert, un estupendo guía que conectó con
nuestros alumnos, enlazando cada parada con los aprendizajes que nuestros
aventureros habían aprendido en nuestro querido Clara Campoamor. Comenzamos
conociendo a Carlos IV y su importancia para la ciudad de Praga, siguiendo por
los diferentes estilos arquitectónicos de la ciudad, desde el cubismo hasta el
estilo gótico, así como la universidad más antigua de centro Europa.
Uno de los monumentos emblemáticos de Praga que descubrimos
fue el teatro de los Estados, donde solo nuestro querido José Luis de música
podría haber triunfado tal y como lo hizo Amadeus Mozart con su obra Don
Giovanni. Seguimos con su reloj astronómico, con su monumento más icónico y
reconocido, junto al mercado de Pascua de Praga, donde nuestro alumnado tiró de
los recursos que Sandra les ha facilitado en matemáticas para hacer el cambio
de coronas checas a euros.. muy ahorradores nuestros chicos y chicas.
Continuamos con el barrio judío, un lugar con mucha
identidad y donde su arquitectura e historias nos encandilaron... Casi tanto
como llegar al Puente de Carlos IV, donde volvíamos a conectar con nuestro
amigo Carlos, lugar donde pondríamos punto y final a nuestro tour guiado.
Nos despedimos de nuestro amigo Albert y comienza lo que
podría ser una parodia de la película “Solo en casa”, donde experimentamos en
nuestras carnes que con Carlos IV la ciudad triplicó su tamaño.. vaya que si!!
Metro por aquí, escaleras mecánicas por allá, y todo a la carrera para llegar
lograr a nuestro tren. Sin duda uno de esos momentos donde el grupo estuvo más
unido y cohesionado, y donde nuestro alumnado demostró que habían venido a
República Checa con muchas ganas de aprender y arrimar el hombro.
Una vez en ruta todo discurre con total normalidad, trenes
puntuales, cómodos y la mejor de las actitudes nos llevan a Lanskroun, donde
Martina nos espera con los brazos abiertos, acompañándonos a comprar algo de
cena. Tras esto nos dirigimos a nuestro hotel, donde volvemos a vivir uno de
esos momentos que hermanan y unen en estas experiencias, preparar la mesa,
cocinar todos juntos y repartir las tareas para que la aventura sea lo más real
y productiva posible.
Una vez recogemos, nos vamos a la cama después de una
montaña rusa de emociones a lo largo del día, mañana más.. y seguro que mejor.




